17 may. 2015

  El drama de Maxi Kondratiuk, que no afloja y pelea por su vida 
Nota publicada en el Diario "El Día", de La Plata
 
 
Maximiliano Kondratiuk protagonizó una de las tantas historia de esfuerzo y sacrificio en el mundo del fútbol para llegar a Primera División. El joven de Berisso realizó todas las divisiones juveniles en Gimnasia, hasta que Carlos Timoteo Griguol le vio potencial para ser profesional y lo subió al plantel superior para la temporada 2003-2004. Fue en la decimosexta fecha del Torneo Clausura 2003 que el zaguero central tuvo la cancha de hacer su debut en el equipo principal mens sana, al suplantar al mediocampista Germán Castillo en el triunfo tripero por la mínima diferencia ante Chacarita. Desde aquella aventura inicial, Maxi tuvo la chance de volver a jugar una vez más en el primer equipo albiazul, al tiempo que alternaba sus apariciones en el equipo de reserva. Tras no llegar a afianzarse con la casaca tripera, comenzó un interesante periplo por el fútbol de ascenso, que lo llevó a a ascender con San Martín de San Juan en la temporada 2006-2007, lo que le dio la chance de volver a jugar en la máxima categoría. Después llegarían Atlanta, Villa San Carlos, el club de su ciudad natal, paso previo a una breve incursión en el fútbol italiano, donde empeoró su situación de salud y se le diagnosticó la enfermedad de Wilson a fines de 2011.
Tras aquella etapa deportiva, donde todo era motivación y búsqueda de superación, el ex defensor tuvo que encarar la lucha más difícil de su vida: pelear contra esta afección que, por definición, es “un trastorno hereditario poco común. En caso de que ambos padres porten un gen anormal para la enfermedad de Wilson, hay un 25 por ciento de probabilidades en cada embarazo de que el niño tenga el trastorno.
La enfermedad hace que el cuerpo absorba y conserve demasiado cobre. Este cobre se deposita en el hígado, el cerebro, los riñones y los ojos. Los depósitos de cobre ocasionan daño y muerte tisular y cicatrización, lo cual hace que los órganos afectados dejen de funcionar bien”.
El ex defensor central, recordado por su potencia y su gran contextura física en su época de pantalones cortos, está librando una pelea diaria contra los efectos de esta enfermedad. Maxi es uno de los tantos jugadores que no logró hacer una diferencia económica y tampoco tiene pensión o jubilación.
Actualmente vive solo en la ciudad de Berisso, al cuidado de una enfermera durante las 24 horas del día. Su mamá falleció hace unos años, su papá está internado en un instituto geriátrico y quienes se encargan del seguimiento de su tratamiento son sus hermanas, Vanesa y Marcela, junto a su grupo de amigos, que se están moviendo por todos lados para darle una mano. También es papá de un niño de cinco años.
Esta afección no le permite desplazarse por sus propios medios -lo hace en una silla de ruedas- y le dificultó la comunicación a través del habla. De todos modos, está totalmente consciente y se comunica escribiendo a través de una computadora, según le contaron a este diario sus amigos. En este cuadro de situación, para afrontar el tratamiento completo, entre enfermeras, medicamentos, alimentos y servicios, quienes rodean a Maxi deben conseguir mensualmente algo más de 20 mil pesos y la situación genera un enorme esfuerzo de las personas que lo quieren y lo ayudan en todo. Por eso, al encontrarse ya en una encrucijada, decidieron salir a contar la historia para generar una sensibilidad en el mundo del fútbol y buscar alguna ayuda solidaria que le permita al joven berissense costear el tratamiento para salir adelante en este delicado momento de su vida.
Quienes quieran ayudar al ex defensor mens sana, pueden entrar en contacto con sus hermanas, Vanesa (221) 15-5342909 y Marcela (221) 15-6023762 o escribir a esta casilla de correo que es manejada por su familia y amigos: ayudemosamaxi@gmail.com.
Es una historia que conmueve. Por detalles íntimos a los que pudo acceder este diario, el ex jugador tiene fuerzas para seguir luchando. Ahora esperan el apoyo del mundo del fútbol.
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